Terrassa: Cuando el tejido asociativo se convierte en un club de intereses y agendas externas
Terrassa: Cuando el tejido asociativo se convierte en un club de intereses y agendas externa
Amin iharchain
Un análisis profundo y una postura firme reflejan una preocupación patriótica sincera ante lo que ocurre en la ciudad de Terrassa, en la provincia de Barcelona. El trabajo asociativo islámico y cultural en la región sufre de una prevalencia de intereses personales a expensas de iluminar las mentes y servir a las verdaderas causas de la comunidad. Esto se manifiesta claramente en la organización de un Iftar ramadánico por parte de una asociación política conocida por sus posiciones volubles según intereses estrechos y la búsqueda de beneficios “bajo la mesa”, apoyándose en un estilo de ecuaciones ambiguas que carecen de una dirección clara y de un valor real.
Lo que llama la atención en este escenario es la presencia de figuras del ámbito religioso con diversas responsabilidades, a pesar de que son hijos de la región y conocen bien la magnitud de los desafíos. El problema no reside en la cena de Iftar en sí ni en la presencia de responsables del gobierno local y de los partidos españoles, sino en el momento de esta actividad. Esta se llevó a cabo después de que el Ayuntamiento de Terrassa izara la bandera del frente separatista hostil al Reino de Marruecos. Este acto hostil por parte del consistorio no fue respondido con ningún comunicado oficial ni posición firme por parte de la asociación organizadora o de los responsables religiosos presentes, lo que plantea interrogantes legítimos sobre el silencio de quienes se supone deben defender las constantes nacionales a cambio de mantener sus relaciones con los responsables municipales para asegurar la continuidad de subvenciones y privilegios.
Reducir al ciudadano de origen marroquí a ser mera “materia para llenar mesas” en fiestas y eventos es un insulto a la dignidad de la mayor comunidad residente en Cataluña. Es inaceptable que se ignoren los sentimientos de esta comunidad y sus causas soberanas para mejorar la imagen de responsables asociativos y religiosos que solo buscan un lugar privilegiado ante las autoridades locales. Lo extraño es la repetición de los mismos rostros en estos eventos, atrayendo a asistentes de otras zonas para dar una falsa impresión de representatividad, lo que se considera un intento claro de subestimar la inteligencia de las autoridades competentes, tanto en España como en Marruecos, y de desinformar a la opinión pública sobre la realidad del vínculo efectivo de la comunidad en la ciudad.
El panorama en Terrassa va más allá de una mala gestión asociativa; llega a la sospecha de convertir a la ciudad en un “club cerrado” sujeto a dictados de lealtades tribales e ideológicas específicas que juegan a favor de agendas externas bajo el nombre de la difusión religiosa o el trabajo cultural. Esta afiliación estrecha convierte el trabajo asociativo y religioso en una mera fachada para ejecutar estrategias prefabricadas, donde se mezclan hábilmente la política y la religión para transmitir posiciones determinadas bajo órdenes externas cuyo origen y propósito se desconocen. Este peligroso deslizamiento desgarra el tejido social de la comunidad y la convierte en una simple pieza de cambio en ecuaciones que no sirven a sus intereses reales, sino a una minoría que utiliza la “cobertura asociativa” como escudo para sus propios intereses.
Todos deben aprender de las duras lecciones del pasado, especialmente en los temas relacionados con la juventud y el enfoque intelectual extremista que ha visto salir a algunos de sus seguidores de esta misma ciudad. El paso del tiempo se encargará de desnudar la realidad y revelar lo oculto, porque cuando prevalecen los intereses personales y domina el lenguaje de los proyectos y las financiaciones, desaparece la responsabilidad moral y educativa, dejando a los jóvenes expuestos a corrientes ideológicas extrañas y destructivas. La preocupación de los encargados de los asuntos religiosos y culturales por las apariencias y las fiestas de Iftar, a expensas del trabajo de campo real y de una concienciación adecuada, es lo que abre la puerta a la infiltración en las mentes de los jóvenes y al juego con su futuro.
Estos acontecimientos plantean una pregunta fundamental sobre el grado de conciencia de las autoridades de Terrassa respecto a la naturaleza de estas asociaciones, que albergan en su interior tendencias numerosas y conflictivas. Parece que las autoridades locales se conforman con creer que la responsabilidad termina en quienes encabezan estas estructuras, ignorando los conflictos ocultos que las mueven. Esta falta de visión convierte a las autoridades españolas en cómplices indirectos de la consolidación de una realidad que margina a los verdaderos talentos de la ciudad y limita el trato a rostros que se han convertido en una carga para la imagen de Marruecos y de los marroquíes en el exterior.
En este contexto, la ausencia del Cónsul General del Reino de Marruecos en Barcelona en este Iftar se presenta como un acto de dignidad y un reconocimiento a la comunidad. Esta ausencia oficial es una postura justa y de gran importancia, ya que quita el suelo bajo los pies de quienes comercian con las causas de la patria y confirma que la representación oficial del Reino no bendice actividades realizadas ante la falta de respeto total a los intereses y constantes nacionales de Marruecos. Esta firme postura diplomática pone a estos responsables asociativos frente a su realidad y revela la falsedad de sus pretensiones de representar a una comunidad marroquí que rechaza la humillación y la negligencia en su nombre.
En conclusión, se ha vuelto imperativo que los responsables de ambos países, Marruecos y España, se interesen seriamente por el futuro de las próximas generaciones y busquen nuevas vías y canales para tratar con la comunidad, lejos de los rostros desgastados y los métodos tradicionales fallidos. Continuar avalando a estas asociaciones que se alimentan de crisis e intereses estrechos significa dejar el futuro de Terrassa a merced del viento y enfrentar riesgos sociales e intelectuales de consecuencias imprevisibles. La dignidad nacional y la responsabilidad hacia la juventud son una confianza que exige un cambio radical y asegurar que la voz real de la comunidad sea escuchada y respetada, lejos de los cálculos de mesas y proyectos sospechosos.


